Sanar el dolor del pasado con Hipnosis

Estamos cansados de escuchar que hay que vivir en el presente, que el pasado, pasado está y que el futuro es incierto…

Hay realidad en esas palabras, pero necesitamos encontrar el método que nos permita salir de la dinámica destructiva del dolor del pasado. Es muy fácil vivir el presente siempre y cuando hayamos trascendido nuestro pasado, y el futuro no nos de miedo. Por tanto, en esta puerta nos enfrentamos al reto de confrontar el miedo del futuro y el dolor que impide que nos quitemos la mochila de nuestras experiencias.

El pasado es lo único que en realidad hemos vivido y, gracias a él, podemos gestionar nuestro presente y futuras experiencias. No sólo es conveniente haber vivido el pasado que nos duele, también es necesario.

El deseo de no padecer dolor es natural. El problema, en todo caso, no es la presencia del dolor, pues es un factor que, si bien no es deseable por nosotros, es tan inevitable como la existencia del placer. El problema radica en la parálisis que puede surgir de nuestra relación con el dolor del pasado: me refiero al enfoque conciencial que hace que nos quedemos anclados en el pasado y no sepamos gestionar nuestras vivencias, impidiendo que aprendamos de las experiencias vividas. Cuando permanecemos en este enfoque, generalmente buscamos la respuesta a una pregunta: nos metemos en el “¿por qué?” del pasado.  Pero… ¿qué nos pasa en esos momentos, que nos paralizamos?

La necesidad de encontrar la respuesta al “por qué” es el agente paralizante.

Podría decir “¡renuncia a la necesidad!”, pero hay una forma más útil de conducir y por tanto liberar nuestro dolor del pasado: centrémonos en el “¿para qué?” y no en el “¿por qué?” de las situaciones que nos han acontecido.

Tendemos a despojarnos de la responsabilidad de nuestros novatos pasos, encubriéndola bajo la hoja del llamado victimismo.

Victimismo que va cogiendo más poder en cuanto más nos lo creemos, cuando más pena tengamos de nosotros. Es una estrategia nefasta: indica la falta de aceptación, falta de análisis del “para qué” esas experiencias acontecieron en mi vida.

Victimismo que frena la evolución al que la incluya en su mochila. Manteniéndolo vivo por más tiempo que pase.

Victimismo que ciega, poniendo un muro entre la verdad y el propio autoengaño.

Victimismo como herramienta poderosa en la manipulación en lo ajeno.

¡Estar dispuesto a perpetuar este victimismo sólo crea más caos e incertidumbre!

¿Qué diferencia hay entre el “Por qué” y el “Para qué”?

El “Por qué” provoca la auto-compasión, deja la responsabilidad de nuestros actos atrás, donde la supuesta inocencia sigue brillando con el paso de los años, la vulnerabilidad o fragilidad ante el poder de los demás, el que potencia la mala suerte, el principal alimento del victimismo, refugio de la compasión ajena, enmascara experiencias pasadas no digeridas, principal motor del hecho de culpar a los demás de nuestras reacciones sin responsabilizarnos de las consecuencias. Justificación, queja, lamento, desdicha, pena, injusticias, desgracia, desamparo, sufrimiento, crítica, defensa, enojo, llamadas de atención y un sinfín de excusas o justificaciones que alejan al ser de la falta de responsabilidad.

 

El “Para qué” es totalmente diferente. Es asumir que lo que nos acontece esconde en sí nuestro propio aprendizaje y evolución. Cada uno es dueño de tomar la opción más correcta en cada instante. Nadie escapa al principio del libre albedrío. Somos responsables de nuestras decisiones y actitudes. Todo en esta vida es una elección, el cómo vivamos una experiencia determinada, cómo la trasmuta es nuestra elección.

El “Para qué” deja atrás el victimismo y permite poner por delante el acercamiento y análisis de la realidad que estamos viviendo. Aprendizaje que nos llevará a una evolución consciente.

 

Recuerdo a María, una gran mujer, inteligente, segura, cariñosa y atractiva. Vino a consulta con una tristeza muy profunda. No paraba de llorar en ningún momento de la sesión y me comentó que llevaba más de un año en tratamiento psicológico y psiquiátrico. Y por más que le cambiaron las pastillas, parecía seguir consumiéndose en su vacío: ella seguía igual. Su actividad diaria consistía en ir al trabajo y meterse en su casa a “encontrarse con sus lágrimas”, así durante un largo periodo de tiempo. Según su médico, María presentaba un cuadro clínico de depresión y ansiedad e incluso tomaba pastillas para ello, pero la mejoría seguía sin aparecer.

En su primera sesión, su único argumento era que tenía una tristeza muy grande y que llevaba muchísimo tiempo así, que no quería vivir, no le encontraba sentido a su vida ni sabía por qué se encontraba en ese estado.

Aún recuerdo sus ojos cuando le dije que yo no le iba a quitar esa tristeza. ¡Creo que jamás en su vida los había abierto tanto!, su cara de asombro y espanto era un poema.

Me contestó: ¿Cómo que no me vas a quitar la tristeza, si vengo para eso?

Mi respuesta fue: “pues muy sencillo María, esa tristeza está ahí para algo, para que tomes consciencia, para enseñarte, para que la escuches, la atiendas y, cuando sepas conscientemente el para qué está, te aseguro que la tristeza se esfumará como el humo de un cigarro. ¿Cuando alguien toca a la puerta de tu casa, tú le abres y le preguntas qué quiere? Pues lo que tú llamas tristeza te está tocando a la puerta una y otra vez y tú no quieres abrirle la puerta. Por lo tanto, ella insiste y, hasta que no se la abras no se irá, porque te aseguro que te trae un mensaje muy importante para ti.”

Que se desprendiera de su tristeza fue muy sencillo: le practiqué una hipnosis, a la cual llamo hipnosis consciente, en la que consiste en hablar en este caso con su tristeza.

Le pedí que cerrara los ojos e hiciera tres respiraciones profundas a la vez que mi voz le iba indicando que con cada respiración su cuerpo iba relajándose más y más. Una vez que se relajó y estaba concentrada en su ser, le hice varias preguntas:

Siente lo que dices que es tu tristeza y dime en qué parte de tu cuerpo la sientes.

Ella indicó que la sentía muy profunda en el centro de su pecho.

Ahora yo le pregunto: ¿Si le tuvieras que poner una forma, qué forma le pondrías?

Ella contestó: “Berta, es redonda.”

Muy bien. Y esa tristeza que sientes que es profunda en El Centro de tu cuerpo y de formar redonda, ¿me podrías decir de qué color es?

María contestó: es de color negro.

Muy bien María, a lo que tu llamas tristeza, que esta muy profunda en El Centro de tu pecho que es redonda y de color negro, ¿podrías indicarme si se mueve?.

María contestó: “sí, Berta, se mueve de arriba a abajo.”

Estupendo. Sigue sintiéndola. Esa tristeza tan profunda que sientes en El Centro de tu pecho que es redonda, de color negro y que se mueve de arriba abajo, dime, del uno al diez… ¿qué intensidad o tamaño ocupa dentro de ti?

María contestó: “un nueve.”

Muy bien María, esa tristeza que sientes en lo más profundo de tu pecho, que es redonda, de color negro, que se mueve de arriba abajo y que tiene una intensidad y tamaño de nueve, pregúntale qué quiere de ti, qué te quiere decir. Da igual que no entiendas lo que te pueda decir. Sólo di lo primero que se te viene a tu cabeza.

María contestó: “Quiérete, empieza un camino nuevo, tú puedes, deja de frustrarte con ese hombre. Él ya cumplió su función en tu vida y tiene que seguir su camino.”

María tenía un gran amigo que era homosexual. De hecho, él tenía pareja y los tres estaban muy unidos, tan unidos que siempre salían juntos, iban de vacaciones, etc. Con el paso de los días ella, sin darse cuenta, se había enamorado de él. Cuando éste vio que ella quería ser su pareja, decidió alejarse.

Como ella no era consciente de su enamoramiento ni lograba entender cómo o por qué sus amigos se habían alejado de ella, se sumergió en una supuesta depresión profunda, lo que yo llamo la noche oscura del alma.

Su victimismo nublaba su mente. Constantemente hacía reproches, sólo veía lo bien que ella se había portado con ellos y que no se merecía que la dejaran de lado de la noche al día. Esa falta de consciencia de su sentir la llevó a una tremenda frustración, odio, resentimiento, dolor y queja de la experiencia vivida.

Es curioso, porque ella sólo quería que yo le quitara lo que ella llamaba su tristeza. Era su objetivo. Y así vienen todas las personas a consulta, no se plantean el “para qué” están así, sólo quieren que una mano ajena haga milagros sobre ellos y les quite todas sus incomodidades, sin querer tomar consciencia del “para qué” de la situación vivida.

Sin darse cuenta que es una elección tomada por ellos, el ser consciente o no. El estar triste o alegres, el ser feliz o no serlo. El ser víctima o responsable.

Cuando María habló con esa tristeza y con ese dolor del pasado sintió una gran liberación. Comprendió que era un episodio de su vida que aún no estaba cerrado, ya que lo mantenía vivo en su dolor. María aprendió muchísimo de sí misma al ver en el punto donde estaba  anclada.

Cuando le pregunté: “María, ¿qué te han enseñado tus amigos que tienes que aprender de esa experiencia?”

María salió de su oscuridad, dándole significado a su vida, ilusión, deseo y con una gran necesidad de buscar un nuevo entendimiento de la vida plena. Dejó la queja, el victimismo y se hizo responsable de sus decisiones, ahora sin juzgarse ni reproches.

Como estos casos hay muchísimos, personas que con una edad avanzada (aunque la edad tampoco importa mucho) llevan una carga tan pesada que impide la felicidad. Lo curioso es que son incapaces de sacarle el jugo a su pasado y, en contra, se esconden bajo la carpa del dolor y sufrimiento. Haciendo responsables a sus padres, a sus compañeros de clase, de trabajo, parejas… la frustración de su vida, sin ver la responsabilidad de sus actos.

Las sesiones con hipnosis son una gran ayuda, para poder sacar el aprendizaje del pasado y dejarlo marchar, sino es así, estaremos toda la vida cargando con esa mochila pesada y todos nuestros actos estarán gobernados por nuestras experiencias pasadas. La mayoría de personas ahogan el dolor con hábitos insaludables como el alcohol, drogas, exceso de comida o trabajo… esa es la primera señal de alarma que avisa de que algo no va bien. Libérate de la carga del pasado y camina en libertad.